Convives con esa impresión desagradable y a veces angustiosa de que tu vida no es más que una sucesión de esfuerzos. Perseverar, arreglar, tapar, construir, reconstruir. Esfuerzos para trabajar, para activarte, para ocuparte de los demás (mucho), de ti mismo (un poco), en suma, para «gestionarlo» todo (además, detestas esa palabra, la de «gestionar», que transforma tu vida en una especie de comercio o de industria).
A menudo te sientes a punto de abandonar, de dejarlo todo. Por cansancio (te haría falta descansar), pero también por desgaste mental: ¿es que es esto la vida? ¿Hay que estar siempre forcejeando, agitándose, esforzándose?… ¿Habrá un día en que desaparezca esa sensación de fragilidad?
Ser humano es ser frágil. Es ser vulnerable, frágil ante cualquier cosa, ante banalidades dolorosas. Sobre todo ante estas.…
