Fue extraño, revolucionario, hereje y, sobre todo, diferente. Nació como Amenofis IV, pero cuando apenas si llevaba gobernando Egipto cuatro años, decidió cambiarlo por Neferjeperura Ajenatón.
Algo que, claro está, no gustó demasiado a los sacerdotes de Amón Ra, que de un día para otro vieron que su politeísmo se transformaba en el monoteísmo que dictaba la nueva encarnación de dios en la tierra. Porque desde ese instante la única deidad sería Atón, convirtiendo al faraón en el primer reformador religioso de la historia.
Por este motivo, los posteriores, que regresaron al culto politeísta, lo tacharon de hereje e intentaron hacer lo peor que se podía por entonces: borrar su nombre para de esta forma diluir su espíritu; para que no fuese recordado jamás. Pero no lo lograron, porque Ajenatón…