Yo soy benandante porque voy con los demás a combatir cuatro veces al año, o sea, en las cuatro témporas, de noche, invisible, en espíritu y dejando el cuerpo; y vamos a favor de Cristo, y los brujos, del Diablo, combatiendo unos contra otros, nosotros con las ramas de hinojo y ellos con las cañas de sorgo». Con estas palabras se explicaba –con ánimo tranquilo, pese a estar declarando ante un tribunal de la Inquisición–, el humilde pregonero Battista Moduco, vecino de la localidad italiana de Cividale, en la región de Friul, próxima a la República de Venecia. Corría el mes de junio de 1580, y su insólito testimonio era escuchado con una mezcla de asombro y desconfianza por el inquisidor fray Felice da Montefalco, mano de hierro del Santo…
