En los últimos años, las investigaciones que han dado un justificado protagonismo en el terreno de la salud física, emocional y mental al eje intestino-cerebro, revelando que existe una compleja relación entre ambos, han colocado al nervio vago en primera plana. Estamos ante el nervio más largo del cuerpo, que nace junto a otros once en el tronco encefálico y se bifurca en dos ramas que descienden a ambos lados del cuerpo hasta alcanzar las regiones más distantes del intestino. En su trayecto, sus ramificaciones alcanzan a pulmones, corazón, estómago, hígado, páncreas, vesícula, bazo y riñones, además de inervar a la faringe, laringe, tráquea y esófago. Curiosamente, el 80% de sus nervios captan información y la envían al cerebro, de manera que funciona como un preciso detector de cuanto sucede…