Desde el primer momento, debido no solo a especulaciones y a lo que representaba JFK para la política estadounidense y por ende internacional, sino por hechos claramente descorazonadores y un tanto extraños (por no decir inverosímiles), la versión oficial ha sido tildada de farsa y la versión conspirativa –más bien, las versiones– mantenida activa a lo largo de seis décadas. Desde el momento del crimen, retransmitido en directo, que dejó petrificados a los telespectadores y hundida a una nación que veía en la figura del presidente demócrata la esperanza, el glamour y el futuro, se realizaron detenciones, comisiones, investigaciones periodísticas, desclasificaciones de miles de documentos –que aún continúan–, y aún así, la «gran conspiración» de su muerte sigue tan viva como entonces, como también lo está la de su hermano,…