En la cosmogonía incaica algunas montañas, concretamente aquellas en las que se llevaban a cabo sacrificios humanos, eran consideradas sagradas. Eran las «Apu», montañas o cumbres consideradas «vivientes» desde épocas preincaicas en varios pueblos de los Andes (principalmente en territorios hoy de Ecuador, Chile, Perú o Bolivia), a las que se les atribuía una influencia directa sobre los ciclos vitales de la región cuya cima dominaban. Los «Apus» eran una especie de huaca (que podía ser, como hemos visto, un santuario, en el que depositaban a las víctimas sacrificiales, o una deidad).
En los cerros tutelares o «Apus» existían estructuras o plataformas de piedra (santuarios de altura) donde tenían lugar diversos ritos, como el citado Capac ocha, entre otros, en la cima del Aconcagua, en la provincia de Mendoza, actual…