Además, si son de calidad y los cocinamos bien, no notaremos la diferencia con los frescos. Y como vienen limpios y troceados, apenas tienen desperdicio.
Hortalizas. Judías verdes, habas, guisantes, espinacas, preparados para menestras o ensaladillas y bases para sofritos son el mejor fondo de armario del congelador.
Pescados. Blancos y azules, hay casi de todo. Crudos, sin piel ni espinas y en porciones son perfectos para hacer recetas en salsa, guisos, asados... Si conservan la piel, que aporta gelatina, mejor para rebozar y empanar. Gambas, langostinos... se encuentran crudos o cocidos. Calamares, sepia, almejas o mejillones vienen preparados para añadir a arroces, paellas, guisos...
Carnes. Aves, cerdo, ternera... Mejor en porciones para que tarden menos en descongelarse. Y merece la pena alguna pieza entera, como una paletilla de cordero.…
