En una cena de matrimonios amigos salió a la palestra–una vez más–el tema de los hijos que, como es tradición, desemboca en una reñida competición de “pues el mío…” en cuestión de minutos. Allí comenzaron a desfilar todos los orgullos paternales uno por uno: el que trastea en Arduino, la que destaca en un equipo de e-sports, el que va a hacerse rico, seguro, con criptomonedas, la que programa apps de todo tipo… Tanto es así que, bien sea por el pacharán, bien por los alegatos de mis amigos, enseguida me di cuenta conmovido de que era un privilegiado al conocer desde pequeños a las que serán, sin duda y con el rigor y objetividad con el que hablan los padres de sus hijos, las más grandes figuras del siglo…
