Qué transformación más asombrosa. No parecen la misma persona y bien recuerdo aquella Rocío jovencita, muy atractiva y llamativa pero tímida, miedosa, siempre con muchos nervios, inmadura y despistada, más niña de lo real, apenas sin formas. Ingenua, cándida, desprendida, entregada y muy pendiente de los demás. Fue un típico producto de aquella España prudente, recatada, temerosa y nada lanzada. Menuda diferencia con la realidad actual, que no tiene cortapisas , límites ni censura. Así nos va, lanzados sin pausa, prudencia ni cautela, viviendo alocadamente un frenesí desatado sin autocensura, prudencia ni limitaciones.
Rocío fue inmadura como muchas, casi todas, de la época. Se mantuvo así hasta los veinte años. Fue típico, apetecible y muy atractivo producto de una sociedad discreta y sensible, muy temerosa , siempre encerrada en sí…
