Con cada libro que publica el irlandés John Banville (Wexford, 1945), sus lectores en todo el mundo paladeamos aquellas horas venideras en las que nos sumergiremos en una prosa dulce, lenta, rítmica, apasionada, a veces recargada de descripciones y adjetivos, pero sobrada en cuanto a la belleza y a la precisión exacta de sus personajes, locaciones e historias.
Las obras de Banville tienen un efecto catatónico sobre los lectores que lo aprecian, efecto que no es sino aquello que provocan las grandes obras literarias que están destinadas a perdurar en el tiempo. En otras palabras, lo que algunos llamarían duende, o lo que otros describirían como éxtasis o quizás como el nirvana.
Las singularidades, su nueva novela, por fortuna me atrapó durante las vacaciones de fin de año, entre el sopor,…
