El cónsul español en Burdeos en 1880, Joaquín Pereyra, paseaba por el cementerio de la ciudad francesa cuando descubrió una doble sepultura en la que estaban enterrados Francisco de Goya y Lucientes (1746-1828) y su consuegro, Martín Miguel de Goicoechea. Se lo comunicó a las autoridades españolas y francesas, y ocho años más tarde el cadáver del pintor volvió a España. Pero el cuerpo exhumado, inexplicablemente, carecía de cabeza.
Los incompletos restos fueron así trasladados a Madrid en 1899. Primero se ubicaron en la catedral de San Isidro y en 1919 definitivamente en la ermita de San Antonio de la Florida, cuyo interior fue decorado precisamente por Goya.
Ahora, el Museo de Aquitania, en Burdeos, cree haber hallado en sus sótanos los restos del escritor francés Michel de Montaigne (1533-1592)…
