La experiencia de oír voces –también conocida como clariaudiencia, alucinaciones auditivas, voz directa en el espiritismo…–, está tradicionalmente asociada a síntomas psicóticos en psiquiatría, y rara vez son consideradas experiencias espirituales o paranormales, en contraste con las experiencias predominantemente visuales: por ejemplo ver apariciones, ángeles, extraterrestres, u otras entidades sobrenaturales.
Sin embargo, algunas experiencias auditivas pueden tener un atributo de veridicabilidad, como un contenido premonitorio, por ejemplo, advertir un evento que luego ocurrirá, o información “posmortem” desconocida que puede ser confirmada. Las voces son interpretadas como provenientes de Dios, ángeles, espíritus de seres queridos fallecidos, u otras entidades “negativas”, como demonios o “bajos astrales” –rara vez se atribuyen a la mente perturbada de quien las experimenta.
A la edad de trece años, Juana de Arco comenzó a tener visiones y…