EN 1907, VICENTE BLASCO IBÁÑEZ (1867-1928) REALIZÓ UN VIAJE POR ORIENTE, CUYAS CRÓNICAS PUBLICARÍA EN VARIOS PERIÓDICOS. EN SU CUADERNO DE VIAJE NO PODÍA FALTAR LA ASISTENCIA A UNA CEREMONIA DE LOS DERVICHES QUE EL ESCRITOR, O BIEN NO SUPO ENTENDER, O QUISO DESDEÑAR DESDE LA SUPERIORIDAD CON LA QUE EL VIAJERO OCCIDENTAL DE LA ÉPOCA CONTEMPLABA EL COSTUMBRISMO DE LOS PAÍSES EXÓTICOS.
“LA PLEGARIA TIENE EL RITMO DE UN CANTO ORIENTAL, MONÓTONA, SOÑOLIENTA, DE MISTERIOSA LENTITUD, RETARDÁNDOSE CADA PALABRA CON REFLEXIVAS PAUSAS, PROLONGÁNDOSE CON REPETICIONES E INTERMINABLES GORJEOS, COMO CIERTAS CANCIONES DE ANDALUCÍA (…). EL SAGRADO DANZARÍN EMPIEZA A GIRAR SOBRE SUS TALONES, CON UNA VELOCIDAD CADA VEZ MAYOR… LA FALDA PESADÍSIMA ARREMOLINA SUS PLIEGUES, Y POCO A POCO, CON LA VELOCIDAD, TOMA AIRE Y SE HINCHA… SE HINCHA,…