Aunque las guerras son fundamentalmente destructivas, la necesidad humana de dar sentido al caos impulsa transformaciones artísticas profundas. Durante la Primera y la Segunda Guerra Mundial, el arte vivió uno de sus períodos más convulsos y a la vez más innovadores. Los artistas, ya fueran soldados o civiles, respondieron a la devastación con pinceles, cámaras y plumas, tratando de entender, o al menos reflejar, el caos que los rodeaba.
En la Primera Guerra Mundial, los campos de batalla se llenaron de jóvenes artistas que llevaban cuadernos junto con sus rifles. Muchos, como el pintor británico Paul Nash, tradujeron el horror de las trincheras en paisajes devastados donde la humanidad parecía desvanecerse. «Nunca había visto una naturaleza tan herida», escribió Nash, quien transformó el barro, los árboles destrozados y el humo…
