Ha muerto en Sabadell (Barcelona), su ciudad natal, a los noventa y un años, Lluïsa Forrellad. Salvo para Pere Gimferrer y algún otro erudito de nuestras letras, su nombre es absolutamente desconocido. Sin embargo, Forrellad se alzó con el Premio Eugenio Nadal de Novela 1953 con una obra titulada Siempre en capilla. Ediciones Destino, que es quien otorga el galardón, se mantenía fiel, así, a su política inicial de descubrir nuevos autores—Carmen Laforet, José María Gironella, Miguel Delibes, Luis Romero, Elena Quiroga…—. Pero para sorpresa del jurado, que lo descubrió después bastante cabreado, y del público en general, que se pitorreó lo suyo, la autora era una completa autodidacta, que, a tenor de sus declaraciones, no había leído otra cosa que el semanario infantil catalán En Patufet. Como era inevitable,…