Al fin, todo eso que guardamos con celo saltará por los aires para mostrarnos al mundo tal y como somos, mostrar todo el encanto de una tierra, de sus gentes y de su clima. Aquello que sólo conocíamos nosotros se va a ir desvistiendo capa a capa cual cebolla de una huerta, nuestro secreto mejor guardado, que se engalanará para recibir a todo aquel que desee conocer el embrujo del sabor, un sabor reservado únicamente para los que vivimos en la ribera del Segura.
Una huerta presumida, expectante, deseando ser descubierta para mostrar todo lo que es capaz de ofrecer. El aroma de sus frutas, el sabor de sus verduras trabajadas con sudor, con la piel agrietada de un agricultor que mima a su reina hasta el desaliento. Llora, sufre…
