Se enhebran como las cuentas de un rosario sobre un manto azul turquesa. Las Antillas Menores, una fantasía de playas idílicas y palmeras, de largos paseos al atardecer, encarnan el mito del verano eterno.
Abrazadas por dos mares, el Caribe y el Atlántico, estas islas son la tierra del dolce far niente, del disfrute bajo el sol. Una tierra sin sombras aparentes que, sin embargo, ofrece en su reverso mucho más de lo que trasluce el tópico de postal. Un viaje por Barbados, Martinica, Guadalupe y Dominica permite descubrir la otra cara de estas pequeñas Antillas, mecidas por el ritmo de las olas, el viento y la música.
El olor a salitre y a pescado a la brasa, a cerdo asado, a condimentos exóticos se mezcla tentador con los acordes…