Si Tom Ford, Carine Roitfeld y Mario Testino conformaron, a mediados de los 90, un muy particular oráculo fashionista que concibió el sexo como una idea sensual y de lo más accesible, y que no solo asentaba las bases de una generación que quería sentirse más moderna, más rebelde, sino que enfrentaba al gran público a unas campañas donde la sexualización de la moda hacía explotar la caja registradora, esta nueva temporada recoge el testigo de aquel, ya clásico, «porno chic». La simplicidad hecha sensualidad y despreocupación apoyada por diseñadores como Alled Martínez, Courréges, Études o um menos lanzado Giorgio Armani que, aún así, nos convence para que nos desabrochemos irnos cuantos más botones de lo que exigen las reglas del decoro. Un estilo de lo más irreverente, que poder…
