Leningrado era una ciudad “perversa, hambrienta y empobrecida, que criaba niños perversos, hambrientos y feroces” Una escena chocante, casi grotesca, fue capturada por las cámaras de los reporteros gráficos que en 2007 inmortalizaron el encuentro entre el presidente ruso, Vladímir Putin, y la canciller alemana, Angela Merkel, en Sochi, a orillas del mar Negro: el líder del Kremlin, sentado des-preocupadamente, con las piernas abiertas, casi de par en par, observaba divertido, con una sonrisa meliflua, a su interlocutora, quien a duras penas contenía la incomodidad y el pánico que le suscitaba la proximidad de
Connie , una hembra de labrador que la merodeó, olfateó y hasta se sentó a su lado.
“La perra no le molesta. ¿O sí? Es muy amistosa y estoy seguro de que se comportará”, comentó Putin…