Nacieron el mismo año: 1945. El Aucas, el 6 de febrero, mi papá, el 25 de septiembre. Es el primero de siete hermanos, que vivían juntos, revueltos y apiñados, en una casita de la popular calle de la Necochea, a las faldas de la virgen de El Panecillo, en Quito. Y, sí, justo a sus espaldas. Sus padres (mis abuelos) lo sacaban los domingos, literalmente, de su humilde cuna y lo llevaban, tiernito, al estadio de El Arbolito para acompañarlos en la venta de colas y cervezas, en un puestito que, años más tarde, se trasladaría a la general sur del Olímpico Atahualpa, y que conservarían hasta el día de su muerte.
No disponían del dinero para dejarlo con una niñera, lo que ganaban apenas cubría los gastos de la…
