Amor, amor. Entre mis muslos cerrados nada como un pez el sol./ Agua tibia entre los juncos, amor.
El lenguaje, maravilloso y único, es lorquiano, no hay lugar a ninguna duda. Es palabra, sí, pero es música al unísono. Es música hecha verbo o al revés, qué importa, el resultado es único. El verso lorquiano trasvasa lo que se quiera y está allí como ninguna otra cosa. Por eso indistintamente puede ser poema, obra de teatro, danza u ópera. Don Perlimplín es una muestra, ¡que muestra!
Era 1933, Federico García Lorca la escribe y estrena. Las buenas conciencias se estremecen, los castos oídos se tapan y se cierran los ojos pudorosos, las decentes autoridades la prohíben. Los fascistas cobardemente fusilan al poeta en 1938.
No contaba la canalla –su pequeño…