La resistencia a entender que la heteronorma y el patriarcado tienen relación directa con el hecho literario (escribir, publicar, ser leído) es perpetuar el conservadurismo, la opresión y la hegemonía que, a día de hoy, dista de todo aquello que nos hace libres.
Quizás lo más conveniente es partir de una premisa: la literatura, como hecho universal, es diversa. Esta diversidad la convierte en una realidad interseccional y, al hablar de interseccionalidad, nos referimos a todos los elementos que conforman a quien escribe.
Estos elementos influyen en el texto literario, directa o indirectamente, y con independencia de que trate o no dichas cuestiones. Nos referimos al género, sexualidad, raza, etnia, costumbres, profesión, estudios, lengua, acento, nacionalidad, cuerpo, expresión de género, crisis personal, crisis y/o situación económica, conflicto bélico, exilio, inmigración,…
