Y de repente llegaste tú, coronavirus... Y propagaste en nuestras vidas caos, incertidumbre, desespero, rabias, desasosiego, frustraciones, soledad, miedos, desconfianzas y palabras poco habituales como ‘confinamiento’, ‘hacinamiento’ o ‘reclusión’.
Y aquí estamos. Recluidos, sí; confinados sí; hacinados, sí... Pero tú, coronavirus, también nos descubriste muchísimas cosas que, quizás intuíamos, pero no poníamos en práctica de las maneras en las que han aflorado de repente. Tú, coronavirus, has hecho que en España brote, con tanta fuerza como tu maldita propagación, una ola de solidaridad, de creatividad, de pensar en el prójimo, de aplausos espontáneos, de sociedad unida, de músicos, de memes, de humor... y de un montón de cocineros, cocinillas y ‘a(co)cinados’.
Sí, coronavirus, desde que llegaste y nos dejaste en casa, los españoles nos hemos lanzado a los fogones. ¡Y…