Según el antropólogo Levi-Strauss, si hay un puente entre el extremo más elemental de la humanidad, la naturaleza, y otro más sofisticado, la cultura, este puede identificarse en el fuego: cocinar los alimentos con fuego, en última instancia, es el invento que hizo a los humanos humanos. Richard Wrangham, un antropólogo de Harvard, refinó este pensamiento elaborando la que se conoce como “teoría de la cocción”. En su libro La inteligencia del fuego, identificó en el invento del fuego la puerta corrediza a través de la cual nuestro organismo se modificó: el intestino se acortó, el cerebro aumentó de tamaño, creando los preceptos –el tiempo, la energía necesaria– para la creación de una cultura. Cocinar, luego, de un simple acto se convirtió en un pretexto: el fuego, la cocción, comer…