Sí, de esas cartas de las viejas, a mano, decorando los sobres y sabiendo que tardarán semanas o meses en llegar, y que antes de recibirlas ya habremos hablado cinco o seis veces más. Le dije que sí, claro, porque quiero que los carteros sigan teniendo trabajo, que sigan existiendo los buzones, y tener en mis manos algo que estuvo en las manos de mi amiga que vive del otro lado del mundo. Entonces me enteré de que hay clubes de esto, de gente que se escribe cartas aunque no tengan nada especial que decir, sólo por gusto. Clubes de gente que se junta para aprender caligrafía y escribir con plumas antiguas y tinta.
Ese mismo día escuché a alguien comentar que le convendría tener un perro, para así tener…
