Con una de las mayores fortunas del mundo y unos delirios de grandeza inconmensurables, Pablo Escobar –quien a pesar de ser el rey del narcotráfico se negaba a probar el polvo blanco y despreciaba a los adictos por considerarlos débiles de corazón– se entregó a toda clase de excesos. Estableció la ley «plata o plomo», dirigida a los funcionarios y autoridades (o coges el dinero o te cosemos a balazos), con el fin de callar bocas y hacerse un hueco en la política, corrompiendo voluntades para poder proseguir con sus negocios ilícitos. Se compró 7.400 acres en los que hizo construir la famosa Hacienda Nápoles, una casa con piscina, bar, salón de juegos, comedor para setenta personas, parque temático, pista de aterrizaje, hangar, caballerizas, estación de gasolina, zoológico… Tenía helicópteros,…