Por lo general, cuando andamos estresados no sólo nos acompaña cierto grado de irritabilidad, malestar general o dificultad para desconectar o incluso conciliar el sueño, sino que tendemos a comer mal o a que nos siente como un tiro aquellos que nos llevamos a la boca.
■ Estrés y mala alimentación se retroalimentan, nunca mejor dicho, agravándose ambas situaciones. La bioquímica del estrés, con adrenalina y cortisol corriendo por nuestras arterías, altera nuestro estado, pero también modifica nuestro microbioma perjudicando la digestión, transformación y absorción de nutrientes.
■ Así pues, y en conexión con nuestro tema principal de salud, apúntate a la filosofía slow food, la comida lenta. Empieza por respetar los horarios de comer, hazlo despacio y mientras lo haces, haz solo eso: ¡comer! Saborea, detecta texturas, siente el…
