Los efectos del ruido en nuestras vidas son tan devastadores como desconocidos para la mayoría de nosotros, un asunto del que tan solo tomamos conciencia cuando los daños más incapacitantes, es decir, la pérdida auditiva, ya es irreparable. Sin embargo, antes de llegar a ese extremo es posible que suframos otros muchos efectos, frecuentemente sin tener claras las coordenadas sonoras de su origen, bajo la forma de estrés, insomnio y nerviosismo. Estas afecciones forman parte de un engranaje más complejo que, experimentadas de forma crónica, devienen en otros problemas de índole cardiovascular e inmunológico, afectando también a nuestra capacidad para concentrarnos o memorizar. Ante este panorama, el silencio se convierte en una útil y eficaz medicina, capaz de revertir en poco tiempo muchas de estas situaciones perjudiciales para nuestra salud…
