Corrección de fallos menores, mostraba en pantalla el fabricante para justificar que había vuelto a meterse en mi dispositivo. No serán tan menores cuando tardan tanto en dar con ello, opino yo. Pero con los años, ya empezamos a asimilarlo. La vida es efímera, las tablas de ibéricos en la mesa de mi comedor también, se entiende. Pero ay, amigo, ¡la tecnología! Eso sí que es fugaz. Nos resulta gratificante una semana, un mes, dos. Pero más pronto o más tarde, fabricantes o usuarios, estamos soñando con la correspondiente actualización.
¿No crees que toca cambiarlo?
El televisor ochentero de mi casa, con su diseño de bloque de cemento y un patrón imitando madera que no engañaba a nadie, era sin embargo más fiable que mi madre a la hora de…
