Con frecuencia, la familia incluye una oveja negra. Y esto nos sirve para la realeza, o la aristocracia, incluso. La oveja negra es como si saliera de pronto un pariente premio Nobel, pero al revés. Porque la oveja negra es, alegremente, o tristemente, un premio Nobel de lo suyo, que suele incluir un exquisito malvivir, entre el cabaret y la comisaría, entre la discoteca de desvarío y el hospital de urgencias. Así, nos acaba de ingresar en este brusco linaje Marius Borg, primogénito de la princesa Mette Marit, que vuelve al panorama porque los hijos se hacen bigardos y de pronto destrozan un apartamento con una chica dentro. Es lo que sabemos de él, que estaba con la chavala en un sitio de Oslo, y la noche le estalló violenta…