Un clásico diagnosticó que “los celos escriben su propio libro”. Y me parece un acierto la frase, que ahora podemos aupar ante las memorias de Isabel Preysler, “Mi verdadera historia”, donde se hace el retrato del celoso que fue Julio Iglesias, y Miguel Boyer, y Mario Vargas Llosa. Sólo deja al margen a Carlos Falcó, que nunca montó ningún numerito de celos, como sí hicieron los demás hombres de su biografía. De modo que en Preysler se cumplen los celos como vivo motor literario, pero los celos de los otros: los celos de Julio, que iban “inscritos en su ADN”, según ella; los celos de Boyer, que incluso tuvo que ir a terapia al respecto; y los celos de Vargas Llosa, al que tuvo que poner en su sitio con…