Si bien en nuestro consciente todos los arhivos permancen ordenados, el inconsciente es el cajón de sastre de nuestras vivencias traumáticas no asimiladas: una palabra inesperada que nos duele, una acción que no entendemos, la pérdida de un ser querido y tantas otras emociones y recuerdos que nuestro cerebro consciente no sabe donde archivar. Cuando el inconsciente se satura o cuando se producen situaciones similares a la que nos ha provocado el conflicto, ese incansable trabajador devuelve a la superficie estas vivencias que quedaron sin resolver, a fin de que las solucionemos.
El poder de los mandalas
La rapidez y los ruidos con los que convivimos afectan al débil equilibrio entre razón y emoción. No estamos acostumbrados a parar nuestra mente, concentrarnos en el silencio y la quietud (Prueben a…