Nadie como Woody Allen ha sabido reflejar, a lo largo de 45 películas y 25 guiones, las obsesiones del hombre postmoderno con idéntica soltura en comedia y drama. Cuando cumple 80 años, al amparo de crítica, público y productores, y con un ritmo incansable –sigue estrenando una película al año–, la pregunta parece obligada: ¿por qué no se agota Woody Allen? Como decía Chaplin, “quien quiera saber quién soy, que vea mis películas”. Poco dado a conceder entrevistas, renegado de la vida pública y desdeñoso del oropel hollywoodiense, lo cierto es que todo lo que es, sus inquietudes y emociones, están en una cinematografía excelsa, llena de aciertos y películas de culto, que ha pasado de un delirio inicial a una introspección vital.
Su infancia es la de Días de…
