Viggo Mortensen ha venido con tortitas. Estamos en la acera, en el diminuto aeropuerto de Siracusa, Nueva York, en un día realmente gris (más de lo habitual en Siracusa), y en cuestión de segundos, nada más entrar en su Ford Fusion de alquiler, ya sé dos cosas sobre él: primero, es el tipo de persona que te recoge en el aeropuerto y, segundo, es de los que trae regalos. Las tortitas son una institución en el estado de Nueva York. “¿Te gusta el sirope de arce?”. Porque lo trae también, en una bolsa de regalo.
“Puedes fumar en el coche”, dice Mortensen, señalando su cigarrillo American Spirits humeante. “Hay cenicero”. En realidad, es un vaso de cartón del hotel Best Western del aeropuerto en el que antes había un café…