Estoy en el despacho de la editora de mis libros, en la sede central de Planeta en Madrid. Siempre que vengo me gusta mirar las estanterías de detrás de su mesa mientras me habla. Espero que no piense que no le hago caso. Sé que no lo piensa. Pero ese ejercicio visual es un interesante estudio sociológico, totalmente acientífico, por supuesto, sobre lo que se cuece ahí fuera, en la calle.
Hace años, cuando venía nervioso a vender mis primeras ideas (ahora también vengo nervioso, que conste) en aquellas estanterías había mucha política, mucho templario, mucha novela romántica juvenil. Luego empezaron a aparecer libros de cocina, grandes chefs y ficciones narradas por presentadores y presentadoras de televisión. Durante la crisis, la estantería se pobló de libros para en-tender la economía…
