Ay, qué triste es ver vencido a don Quijote, agotado por su propio fracaso: nada cambia, todo permanece. “Hazme un sitio en tu montura, caballero derrotado, hazme un sitio en tu montura, que yo también voy cargado de amargura y no puedo batallar”, cantaba Serrat. Y a este canto se siguen sumando poetas, exiliados, despatriados, insumisos, desheredados de un mundo que apenas cuenta con un mínimo de selectos ciudadanos que antes quemarían libros como este, absolutamente revolucionario y, ahora, liberado.
Hay quien piensa que los clásicos de la literatura son de lectura difícil, extremadamente largos y de argumentos trasnochados. “En Clásicos Liberados pensamos que nada en el Quijote tiene desperdicio, y que la narración es perfectamente inteligible. Si alguna palabra o expresión no se entienden a la primera, son siempre…
