“Sí, un buen golpe, lograr un buen slice [en tenis] es como tocar el cielo. Es un placer mucho mayor al que obtienes escribiendo”, p. 68.
“Una cosa es que un atleta jubilado sienta dolor cuando se agacha para cargar a su hijo, pero es muy distinto que no reconozca a su hijo”, p. 90.
Todos tenemos historias como las de Charlie Brown. Yo, al menos, tengo varias. Era aún muy pequeño, más tímido, algo solitario, temeroso de mis palabras, y justo ocurrió el desastre: llegó ella. Era la niñita nueva del barrio, guapa, esquiva, fresa y con el pelo crespo. Todos los chicos queríamos conocerla y, como es obvio, tratar de conquistarla para luego volver a perderla; la vieja historia: las niñas menores de 10 años no soportan que…
