La historia es sobre eso que se respira bajo la alfombra de tu cuarto de niña o niño, cuando sacudes y sabes que el polvo se mezcla con el pasado. Ahí, además de nostalgia, hay todo lo que necesitabas para ser feliz, con lodo de la calle, el sabor del primer helado, la ficha de las “maquinitas” y la agujeta del topsider o cepillo para tu crepé que tu perro mordió; pero también, ahí hay sombras, cosas que no quisieras volver a olfatear a tu alrededor, porque alguna vez te hicieron despertar en tu cama, temblando, diciéndote, ¿qué fue eso?
Pero calma. Ya has crecido. Sabes que los monstruos no existen. O por lo menos, has tenido tiempo suficiente para convencerte. Aquí, en tu mesa de noche, hay un libro…
