Esta mañana llevaba a mis hijos a la escuela –Sam de cinco años, sentado al frente, leyendo un libro de cuentos, y Kitty en el asiento trasero, chupándose el dedo y leyendo Der Mann ohne Eigenschaften en el alemán original porque el pesimismo de Musil no se refleja bien en las traducciones– cuando vi a un peatón acercándose al siguiente cruce. Frené y lo dejé pasar.
El tipo cruzó con la mirada al frente. No volteó a verme, no levantó la mano en agradecimiento, ni siquiera esbozó una sonrisa. Y, como me ocurre cada vez que veo algo así, comencé a hervir por dentro.
“Hay dos tipos de personas en el mundo, Sam”, dije en voz alta. “Aquellas que te agradecen cuando te detienes para dejarlas pasar y simples pendejos”.…