NO SÉ CUÁL HA SIDO SU EXPERIENCIA con el alcohol durante la pandemia. Va la mía.
Primero, algunos antecedentes. Antes de que se nos dejara venir esta pesadilla y, por lo tanto, tuviéramos que soportar, entre otras cosas, el engreimiento (entre 90 y pico mil muertos) de Hugo López-Gatell –lo que ya es motivo suficiente para beber nada más quiebre el día–, yo respetaba la costumbre de llegar a casa en la noche luego de trabajar, tardecito (tenía horarios raros por el tipo de faena que hago), y, luego de quitarme el saco y la camisa, nada más aventar los zapatos desordenadamente debajo de la cama (llegué a acumular hasta cuatro pares), sentarme en la mesa del comedor que, por alguna razón, elegí como lugar de trabajo, ponerme dos whiskies…
