¿Se puede reducir toda la identidad de una persona a una sola característica? La nacionalidad, el género, los intereses deportivos, la profesión, la adscripción política… Como decía el premio Nobel Amartya Sen, el conjunto de estas colectividades, a las que pertenecemos de manera simultánea, define nuestra identidad particular. Sin embargo, en la vida pública muchas veces nos comportamos como si todo lo que el otro es pudiera ser reducido a, por ejemplo, su clase, su preferencia política o su sector. Así, abundan generalizaciones respecto de “los políticos”, “los sindicalistas”, “los kirchneristas”, “los empresaríos”, “los gorilas”, “los sectores populares”, “los pobres”. Para agravar más el problema, cargamos algunas categorías con emociones negativas y yuxtaponemos las que consideramos negativas en los mismos grupos. Esto favorece un proceso de polarización que se torna…
