En 1942, Walt Disney estaba en plena era dorada, tras los sucesivos estrenos de Blan canieves, Pinocho, Fantasía, Dumbo y Bambi. En octubre de ese año, el Institute of Arts de la Universidad de Kalamazoo, en Míchigan, inauguró una exposición que mostraba fotogramas de esa fábrica de sueños junto a pinturas de Chagall. “Si le gustan las fantásticas estampas de las creaciones de Walt Disney, entenderá y sabrá valorar las fantasías, algo crípticas, del mundo de los sueños de Marc Chagall”, reza una carta de la época. Desde entonces, la obra de este pintor se ha asociado a un onirismo inocente, incluso un tanto infantil. Lo que el autor de esa entusiasta misiva pasó por alto es que ni su destinatario, el marchante judío de origen alemán Klaus Perls, ni…