Jorge Mario nació el 17 de diciembre de 1936 y, a pesar de su puntualidad enfermiza, llegó al mundo con retraso, como si se lo estuviera pensando. Le bautizaron el día de Navidad, una semana después, en la basílica María Auxiliadora y San Carlos. En Esperanza, su autobiografía, se definió a sí mismo como “un niño travieso”; es decir, que no era exactamente un “ángel”. Hasta el final de sus días, sintió nostalgia por su niñez, por sus juegos infantiles, por la calle Membrillar, del barrio bonaerense de Flores, donde residió desde los dos hasta los veintiún años. Siempre fue un defensor acérrimo de la niñez, incluida la suya (“Pienso en mi abuela enseñándome a cerrar los bordes de las empanadas con un tenedor; en las tardes frente a la…
