El olor a verano es una mezcla de tierra mojada, cereal espigado, hierba amarilla. Y el sonido es la voz de algún pájaro que se despierta temprano, la manguera del jardinero, el motor de un tractor en la lejanía.
No es lo mismo un día en el campo que un verano en el campo. A mí mi madre me recogía del colegio el último día de curso y me devolvía al mismo sitio, el primero del siguiente. Entre un día y otro, el tiempo era eterno, porque la Naturaleza tiene un ritmo diferente.
Las pantorrillas arañadas y los pies descalzos, heridas en las rodillas, el agua helada del río, el sopor de la tarde, la sombra del tilo.
Ahora me gustan también, cuando estoy en mi vieja Castilla amarillenta, la…