Somos cada vez más cosmopolitas. En nuestras calles se mezclan los idiomas y los acentos y en nuestras casas se respiran aires nuevos, los que nos regalan las amistades bonitas que vienen para quedarse, y nos traen sabores y colores de su tierra amada, añorada, a la que volverán algún día, seguro, y nos llevarán con ellos, de la mano, para que nos asombremos con los hogares hermosos que quedaron allá, esperando.
Y mientras, en nuestras ciudades hay sorpresas maravillosas, mestizas, de gusto español aderezado con la sal y la pimienta de otros mundos llenos de vida.
En este octubre en el que los santos y los muertos se convierten en la misma cosa porque, al fin y al cabo, son los mismos seres queridos, con otros nombres, y otra…