«Al comienzo de la Historia del Zen, no había un método específico para estudiar el Zen. Quienes deseaban entenderlo acudían al maestro, pero este último no tenía instrucciones estándar que dar, porque eso es imposible en la naturaleza de las cosas. Simplemente expresaba a su manera, ya fuera mediante gestos o con palabras, su desaprobación de cualquier punto de vista que sus discípulos pudieran presentarle, hasta que estaba completamente satisfecho.
El trato con sus discípulos era bastante singular, como cuentan los anales de los ejercicios espirituales. Los golpeaba con un palo, los abofeteaba, los pateaba en el suelo; les gritaba sin razón, se reía de ellos, a veces hacía comentarios desdeñosos, a veces satíricos, a veces incluso abusivos, que seguramente asombrarían a aquellos que no estaban acostumbrados al comportamiento de…