Estimado maestro Gabriel Orozco: Hay oídos que prefieren no escuchar, ojos que no quieren ver y voces que deciden quedar mudas, optan mejor por la fe, que como bien se dice: es ciega. Con esos dogmas, yo no comulgo.
En nuestro país, usted lo sabe, el abandono, el despojo y el saqueo constante y duradero ha cambiado las creencias y destinos, pero no los corazones de la mayoría de los mexicanos cuya nobleza sigue intacta. Por ejemplo, hoy vemos miles de manos extendidas intentando salvar las vidas de aquellas personas que no tienen la seguridad de un sistema de salud moderno y eficaz porque fue desmantelado, las mismas manos que han quedado exangües o peor aún, inertes, en su afán solidario.
En estos momentos aciagos, considero Gabriel, debemos aclarar nuestras…