Procrastino, me ahogo, me quedo en blanco, busco excusas para no comenzar nunca. Me distraigo con cualquier cosa que me de unos segundos de satisfacción instantánea para evitar completamente afrontar lo que debo hacer y luego, cuando el tiempo apremia, me frustro por no haberlo hecho antes y me angustio porque no está lo suficientemente bien hecho. No es perfecto.
Me miro al espejo y me desfiguro, me enfoco en lo que está “mal”, en cada uno de los defectos que aquella imagen me enseña, que si tengo las orejas grandes, que si no soy lo debidamente alto, si mis piernas son de tal forma, que si no encajo en la hegemonía de la cual todos somos consumidores, que no soy lo suficientemente perfecto.
Observo mi vida, mis hobbies, mi…
