Mi abueno, Antonio López Martín, al que nunca conocí, abrió la fábrica de chocolate en la Plaza de Roma de Madrid en 1930. Y para dar visibilidad a los bombones y cafés que importaba desde Colombia y Cuba, puso en marcha en la calle Espoz y Mina, 11 el primer establecimiento. Fue allí donde fundó la marca Santa en el año 1932.
Mi abuela Enriqueta era española nacida en Cuba, y mi padre, José Manuel, y su hermano Enrique, fueron la segunda generación de bomboneros castizos.
El éxito de sus extravagantes bombones de tamaño colosal, que hasta se podían encargar a medida, recorrieron el Madrid de las tertulias, los cafés y la posguerra, y en él se abrieron las sucursales de Preciados, 13 y Serrano, 56.
Mi madre, Martine, una…
