He querido borrarlo de mi cabeza, pero la imagen sigue ahí, persiguiéndome como un payaso de pesadilla: un perro pastor alemán con tutú de ballet paseando por la calle.
¿Por qué le haces eso?, quise gritarle a su dueña, ¡le estás destrozando la autoestima!, ¡los perros cool de la cuadra van a burlarse de ella! Hasta que llegamos al pedazo de pasto en que todos soltamos a nuestras mascotas para que convivan con los demás...
Esa perrita se puso a correr, a brincar, se dejó perseguir por uno de mis perros y se dejó alcanzar, se revolcó en el lodo, cazó una mosca y se la comió, y después, feliz, besó la mano de su dueña, agradeciéndole por el paseo.
Entonces, en vez de ver feo a la señora, le…